CAMPEON DE L0S GREGARIOS
por ANTONIO VALLUGERA (Dicen 1975)
Ignoro porque algunos ciclistas pretenden desterrar de su argot la palabra 'gregario". Para mí es la más hermosa del ciclismo. Porque servir con humildad, entregarse por completo a formar parte de ese "batallón de las sombras" donde sólo se sufre en aras al compañerismo, donde no hay aplausos ni ramos de flores, es la misíón más sublime del deportista.
Las gestas de los campeones de este mundo del pedal no tendrían lugar sin la misión abnegada y eficaz del gregario. A la meta llega vencedor el superdotado, el campeón. Pero el aficionado ignora que el hombre del ramo de flores sube al podium gracias al esfuerzo de otros que han regado con sudor, a 'veces con sangre, esa carretera en la que el eampeón ha fraguado su triunfo.
Me gusta la palabra "gregario". Le tenqo un respeto impotente. Para mí los hombres del batallón de las sombras son los escogidos del ciclismo. Aunque su nombre sea ignorado, aunque sus gestas sean silencio cubierto por el polvo de la carretera. Le conocí y admiré en vida, Lo consideré siempre el campeón de los gregarios. ; Qué difícil resultaba! . Pero para Juan Campillo, el hombre de la sonrisa franciscana que ocultaba el sufrimiento, cumplir este cometido era un objetivo más de su vocación ciclista.
i Cuántos de sus triunfos le debe Bahamontes! El toledano asimiló sus consejos. Pero sobre todo supo encontrar fuerza en sus momentos de flaqueza cuando veía a su lado, sufriendo, pero sonriendo, a Juan Campillo.
Recuerdo un Tour. Bahamontes fue segundo en el Parque de los Príncipes. tras Anquetil. Aquel Tour pudo haberlo ganado el "Aguila" de Toledo. Pero eso es otra historia que importa menos.
Se escalaha el Tourmalet. Un sol de fuego. Los bidones de los corredores habían quedado vacíos de agua. ¿Qué precio hubiera tenido entonces un bidón de fresco líquido? Por la cima del Tourmalet pasó, en vuelo imperial y majestuoso, Bahamontes. Pero antes contemplé una de las escenas más emotivas que eonvierten en sublime la misión de un gregario.
El sudor caía por las frentes. Las qargantas estaban secas. Juan Campillo se acercó al toledano. Le tendió su bidón medio vacío. Bahamontes lo apuró con deleite. En aquella pequeña cantidad de agua encontró fuerzas para cruzar primero por el Tourmalet. Apuró hasta la última gota. Luego tiró el bidón vacío. Campillo lo miró al borde de la carretera. ¿Qué pensamiento pasaría por su mente? Lo ignoro. Pero había que ser un compañero excepcional como era Campillo, para llegar a tal sacrificio. Hizo su papel de samaritano,sonriendo, pasando la mano por su boca reseca. E1 público aplaudió la excepcional escalada del toledano. Campillo iba perdido en el qrupo. Pedaleando con dificultad pero con la tranquilidad del deber cumplido.
Había que ser muy hombre para pasar sed por un compañero. Había que tener una capacidad de sufrimiento infrahumano. Pero Campillo tenía esa virtud y muchas otras.
La historia del bidón quedó archivada allí en las
duras rampas del Tourmalet. Pero la gesta quedó grabada en mi mente
para siempre. El ciclismc es un deporte de gestas y leyendas. Se habla
sólo de los campeones. Pero algún día, cuando se escriba
la auténtica historia del ciclismo, la que for- jaron los hombres
del pelotón, entonces se situará a Juan Campillo como el
campeón de los gregarios. Es el símbolo más bello
del ciclista. E1 que debe perpetuarse como año tras año hace
el C.C.Provengalenc en memoria de quien lo dió todo en la carretera
cumpliendo su deber. Juan Campillo fue todo un hombre. Y ciclista. ;Que
no es poco. . .!
En esta imagen lo podemos ver entre Antonio Bertrán y Jacques Anquetil
en un Tour de Francia.