El
'domo exapenta' tiene una forma prácticamente semiesférica generada por la presencia
armonizadora de pentágonos en conjuntos de exágonos, que pueden estar respectivamente
reticulados por triángulos isósceles y equiláteros. Esa forma, que responde
con relevantes condiciones estéticas, constructivas y estructurales a la doble
exigencia arquitectónica de encerrar y cubrir espacios, tiene su contraparte
en otras existentes en la Naturaleza, representadas por el paradigma geométrico
del icosaedro truncado de la molécula gigante del carbono 60 y por la extraordinaria
belleza de los radiolarios.
Convencionalmente
se denomina exapenta al icosaedro truncado y a otros poliedros formados por
un mayor número de exágonos y pentágonos regulares, que se muestran en la Naturaleza
y en la obra humana en sendas extensas variedades por la diferencia entre el
número de esas dos figuras geométricas en cada cuerpo. Sin embargo, existe un
patrón común en la configuración de todos esos poliedros, determinada por la
consonancia existente entre exágonos y pentágonos que tienen la misma longitud
de sus lados por ser éstos comunes entre ambas figuras: la relación de sus apotemas
está definida por el Número de Oro.
EL NÚMERO DE ORO EN LA ARMONÍA DE LO CREADO
En
un mismo campo fenoménico, dos cosas de la misma especie pero de diferente magnitud
armonizan si entre ellas se manifiesta el Número de Oro (o su figura emblemática,
el pentágono), módulo de la relación de consonancia en ese relativo desequilibrio
característico de lo que tiene vida, la tuvo o tiende a ella, y de lo que ha
tenido o tiene movimiento molecular, como en las estructuras dinámicas, en contraposición
a la predominancia del exágono en lo inerte que tiene el equilibrio cristalino
propio del mundo mineral.
Sin
embargo, en la infinidad de formas geométricas existentes en las obras de la
Naturaleza, no hay una polaridad entre aquellas cosas que muestran la presencia
o traducen las proporciones de pentágonos y otras que están impregnadas por
exágonos o sus derivaciones; hay unas terceras donde coexisten ambas figuras
o sus proporciones, en manifestaciones de lo vivo y lo inerte, lo dinámico y
lo estable, lo orgánico y lo inorgánico, lo que tiene mayor o menor entropía.
ARMONÍA EN LA ARQUITECTURA Y EN TODA CREACIÓN HUMANA
Entre
renombrados arquitectos con el mismo pensamiento es ejemplar la figura de Antoni
Gaudí, cuya obra tuvo como constante su inspiración en el "gran libro de la
Naturaleza". Al establecer él que "la calidad esencial de la obra de arte es
la armonía" explica que "la arquitectura crea el organismo y por eso éste debe
tener una ley en consonancia con las de la Naturaleza", porque éstas no son
otras que las de la armonía que el hombre reconoce y asume, para repetirlas
en lo más excelso de su creación.
En
general, como producto de acciones determinadas por la intuición o por la reflexión,
el factor de coherencia para valorizar una obra arquitectónica por la armonía
entre sus partes es el Número de Oro, que añade a su rol estético otro que condiciona
medidas y proporciones por ser connatural al hombre. Por eso mismo, éste también
utiliza patrones de composición y proporción, con los mismos principios físicos
y geométricos de la armonía preestablecida, para valorizar su obra artística
e utilitaria en diferentes campos.
EXAPENTAS EN LA NATURALEZA
Aunque
es propio de la química inorgánica, el carbono, a través de sus compuestos,
genera toda la química orgánica. Además de esa excepcional peculiaridad, por
la cristalización de sus moléculas tiene otras formas alotrópicas aparte de
las del grafito (sistema cúbico) y del diamante (sistema exagonal). En ellas
se destaca la molécula gigante, hueca y esférica del carbono 60, que en un icosaedro
truncado reúne con máxima economía pentágonos y exágonos regulares.
La
molécula del C60, abundante en el universo pero descubierta recién en 1985,
tiene propiedades únicas (que no se acaba de descubrir) en la química y en la
física, destacándose en su forma y estructura la simetría más alta existente
entre todas las moléculas conocidas y la belleza de lo perfecto. Junto con su
descubrimiento se hizo el de otras moléculas similares: C240 y C540. Éstas no
por ser cada vez más grandes son progresivamente más esféricas ni tampoco aumentan
su simetría; sino que conservan la del C60.
Entre
lo mineral y lo que tiene vida, como en un juego de espejos, a los carbonos
recién encontrados se les contraponen los radiolarios (protozoarios que hacen
una de las más simples áreas de lo orgánico). Son minúsculos animales marinos
unicelulares, con esqueleto de sílice, en su mayoría de forma esférica; de excepcional
belleza por las combinaciones de pentágonos y exágonos en la gran variedad de
las formas de sus perforaciones, complementadas con los seudópodos radiales
que determinan su nombre.
También
entre los protozoarios están los foraminíferos, de los cuales los más difundidos
y abundantes se encuentran en el género de las globigerinas, que reciben este
nombre por presentar su concha formada por varias cámaras globulosas constituidas
por carbonato de calcio, las cuales permiten que el animal flote. Entre los
varios cientos de especies de lobigerinas que se conoce actualmente, existen
unas que tienen el conjunto de sus cámaras con la armoniosa configuración de
un exapenta regular.
En
los procesos físico-químicos de partición del espacio con el resultado conocido
como espuma, el conjunto de las paredes de los compartimientos busca la mínima
extensión posible de superficie, en una diversidad de soluciones en las que
se debe cumplir condiciones de forma y relación. Con ese condicionamiento y
la tendencia adicional de que el conjunto de burbujas busca la esfericidad,
hay espuma formada por poliedros irregulares que tienen entre sus lados: cuadrados,
pentágonos y exágonos.
GEOMETRÍA DEL ICOSAEDRO TRUNCADO
El icosaedro truncado deriva del icosaedro, uno de los cinco sólidos fundamentales y conocidos como platónicos, el cual está formado por 20 caras que tienen forma de triángulos equiláteros. Cortando con un plano perpendicular a su eje por el tercio superior de su altura cada una de las pirámides que componen el icosaedro, se forman las 12 caras pentagonales y las 20 exagonales del icosaedro truncado, cuya simetría es totalmente equivalente a la del icosaedro original.
ARMONÍA DE LA RELACIÓN ENTRE PENTÁGONOS Y EXÁGONOS
Como demostración de la armonía de su configuración, en el icosaedro truncado y en los exapenta en general, la consonancia entre sus pentágonos y exágonos componentes (considerando que ambas figuras en cada caso tienen la misma longitud de sus lados o aristas del poliedro), está dada en la relación de sus apotemas mediante el Número de Oro. Con esa base, al igualar el lado con la unidad, para el caso del icosaedro truncado se calculó la longitud de su circulo máximo:


EXAPENTAS EN LA OBRA HUMANA
Luca
Pacioli (1445-1517), para su libro De Divina Proportione (1498) se inspiró en
las obras de Arquímedes y de su maestro Piero della Francesca (1420-1492), pintor
y matemático, e hizo de diversos poliedros modelos huecos de madera, que Leonardo
da Vinci (1452-1519) utilizó para hacer las ilustraciones de ese libro. Al haberse
encontrado en el siglo XX manuscritos de la obra de della Francesca, se comprobó
la existencia del dibujo más antiguo conocido del icosaedro truncado.
Pacioli,
importante exponente de la relación entre arte y matemáticas en el Renacimiento,
aparte de contribuir al mejor conocimiento de los poliedros, se refirió a la
amplia presencia del Número de Oro en la Naturaleza y, por esa razón, le adjudicó
el nombre de Divina Proporción, como patrón de la armonía en todo lo creado.
Aunque él no lo señaló, como demostración de esa armonía y confirmación de la
designación que propuso, está también el icosaedro truncado que figura en su
libro.
Buckminster
Fuller, quien relacionó la Naturaleza con su obra, pudo haber conocido el estudio
de Ernst Haeckel (Die Radiolarien, 1862) y el de D'Arcy Thompson (On Growth
and Form, 1917), donde se muestra y analiza la configuración de los radiolarios,
para fundamentar en la década de 1940 su exitoso impulso a la utilización de
lo que él llamó el 'domo geodésico', originalmente creado por el ingeniero alemán
Walter Bauersfeld en 1922 para instalar un planetario de la Zeiss en Jena.
En
la historia del fútbol ha sido importante la preocupación por contar con una
pelota que combine la mayor y constante esfericidad con la regularidad de la
distribución de las costuras que son necesarias por las características del
juego. Esa doble condición tuvo la respuesta perfecta en la simetría de la Telstar
de 1970. Aunque se ha producido una gran evolución en el uso de materiales,
no ha variado esa forma geométrica, ni su peso y tamaño, hasta llegar a la Fevernova
del 2002.
GEOMETRÍA DE LOS DOMOS EXAPENTA
En los domos exapenta, el número de 6 pentágonos es constante cualquiera sea el de los exágonos. En una proyección horizontal, un pentágono está en la clave del domo y los otros separados de él por uno o más anillos formados por triángulos equiláteros. Si es un anillo, tiene 75 de éstos; si dos, 120; si tres, 175; si cuatro, 240..........; en un ritmo constante según el número de anillos intermedios sea impar o par. En el caso de ser impar, el de los triángulos aumenta en 100 a partir de los 75 del primero; si es par, en 120 a partir de los 120 del segundo.
En la misma proyección horizontal, además de la regularidad en la presencia de los pentágonos dentro de conjuntos de exágonos, se forman otras figuras semejantes que son concéntricas al pentágono que se encuentra en la clave del domo.